Hacia el final de la primaria, muchos padres empiezan a oír un tipo nuevo de queja: "estoy gordo", "soy muy bajo", "todos están mejor que yo". Puede que tu hijo empiece a esconderse en ropa ancha, a temer las clases de natación o a anunciar una dieta después de ver un vídeo. Es una de las preocupaciones más comunes de la preadolescencia y no significa que tenga un problema con su cuerpo. Pero cómo respondas en los próximos años importa mucho.
Por qué ocurre a esta edad
La pubertad tiene un margen normal muy amplio. Las chicas suelen empezar entre los 8 y los 13 años aproximadamente, y los chicos entre los 9 y los 14, lo que significa que en cualquier clase de niños de once años algunos parecen casi adultos y otros todavía parecen pequeños. Esté donde esté tu hijo en esa curva, es fácil que concluya que su cuerpo está mal.
El crecimiento en estos años es rápido y desigual. Muchos niños ganan peso antes de ganar altura, y las chicas en particular acumulan grasa corporal como parte normal y necesaria de la pubertad. Un niño al que nadie se lo ha explicado puede interpretar un cambio sano como "me estoy poniendo gordo".
Al mismo tiempo, el cerebro preadolescente se vuelve muy consciente de que lo miran. La comparación con los demás se vuelve constante: en el vestuario, en el campo de deporte y en las pantallas, donde un sinfín de imágenes posadas, filtradas y retocadas conviven con contenido de fitness y dietas que presenta un único tipo de cuerpo como meta. Un comentario de la abuela sobre que "se está poniendo hermosa" o una broma de un hermano sobre el bigote duelen ahora mucho más que hace un año.
Afecta tanto a chicas como a chicos. Las chicas sienten más a menudo presión por estar delgadas; los chicos, por ser altos, fibrosos y musculosos, y pueden acabar con batidos de proteínas y rutinas de gimnasio agotadoras. A ambos les puede hacer daño el mismo mensaje de fondo: que su valor depende de su aspecto.
Qué ayuda
Habla de la pubertad pronto, con claridad y a menudo. No esperes a que lo saque tu hijo. Describe los cambios que vienen como normales y temporales, y habla directamente de los tiempos: "Los cuerpos cambian en momentos distintos. Algunos de tus amigos empezarán antes que tú y otros después, y tu cuerpo va a su ritmo". Si te dice "me estoy poniendo rellenito", puedes añadir: "Mucha gente gana peso antes de crecer en altura. Es tu cuerpo preparándose". Que sea breve y natural, en el coche o mientras cocináis.
Haz que en casa se hable del cuerpo con neutralidad, también del tuyo. Los niños aprenden a tratar su cuerpo escuchando cómo hablan los adultos del suyo. Eso significa jubilar comentarios como "con esto estoy horrible", "esta semana me he portado fatal" o frases sobre el peso de una vecina. Si te pillas diciéndolo, corrígete en voz alta. Pide a los familiares que reduzcan al mínimo los comentarios sobre el aspecto de tu hijo.
Elogia lo que hace su cuerpo y quién es, no su aspecto. "Has corrido la carrera entera", "Tus brazos cargaron con toda la compra", "Qué paciencia has tenido con tu primo". Cuando comentes su aspecto, que sea sobre sus elecciones y su forma de expresarse, no sobre su figura: "Me gusta el color que has elegido", no "Qué delgado te ves con eso".
Quita la moral de la comida. Sin alimentos buenos y malos, sin "ganarse" el postre, sin dietas y sin comentarios sobre raciones o sobre lo que come cada uno en la mesa. Procura que haya comidas en familia regulares en las que todos comen lo mismo, sin presión para acabarse el plato. Si tu hijo anuncia una dieta, no te pongas a discutir; explícale que un cuerpo en crecimiento necesita mucha energía, que restringir la comida durante la pubertad puede afectar al crecimiento y a la energía, y ofrécete a cocinar juntos si quiere probar alimentos nuevos.
Fomenta el movimiento por disfrute y por habilidad, nunca por el peso. La meta es un niño que se mueve porque le sienta bien, no para cambiar su cuerpo. Fíjate en lo que le gusta: "Parecía que te encantaba el rocódromo. ¿Quieres volver?". Si le da vergüenza el vestuario o la ropa de deporte, tómalo en serio. Deja que elija qué ponerse, averigua si hay opciones para cambiarse en privado y nunca le obligues a seguir en una actividad donde se burlan de él.
Mirad juntos los medios y hablad de cómo funcionan. Siéntate con tu hijo y repasad algunas de las cuentas que sigue. Señala cómo la luz, los ángulos, las poses y los filtros cambian un cuerpo. Luego haz la pregunta más útil: "¿Cómo te sientes después de ver esta?". Ayúdale a notar qué cuentas le hacen sentir peor y ofrécete a silenciarlas o dejar de seguirlas juntos, sin quitarle el móvil ni convertirlo en un sermón.
Responde a "estoy gordo" escuchando, no tranquilizando. La respuesta instintiva, "Qué va, eres precioso", cierra la conversación y puede dejarle con la sensación de que no le has escuchado. En su lugar, siente curiosidad: "¿Qué te hace sentir así hoy?". A menudo la respuesta real es un comentario en clase, un chat de grupo o una foto concreta. Entonces puedes responder al dolor de verdad: "Eso que te dijo fue muy desagradable. ¿Cómo lo llevaste?".
Da ejemplo de respeto por ti mismo. Deja que tu hijo te vea comer un plato completo sin comentarios, ponerte el bañador en la playa, hacer ejercicio porque te gusta y hablarte con la misma amabilidad que le ofrecerías a un amigo. Es más discreto que cualquier conversación y a menudo funciona mejor.
Qué evitar
Comentar el peso o la figura de nadie. Ni el de tu hijo, ni el tuyo, ni el de un famoso, ni el de un desconocido. Incluso un comentario positivo ("Has adelgazado, estás genial") enseña que el peso está bajo vigilancia, y elogiar la pérdida de peso en un preadolescente premia la restricción justo en la edad en que más daño hace.
Dirigir la "alimentación sana" al cuerpo de tu hijo. Sugerirle que coma menos, que cambie de merienda o que haga dieta contigo, aunque sea con suavidad, le dice que tú también crees que su cuerpo está mal. Los hábitos de toda la familia están bien; lo que va dirigido a la talla de un solo hijo, no.
Burlarse de los cambios de la pubertad o dejar que lo hagan los hermanos. Las bromas sobre granos, pecho, gallos en la voz o estirones al adulto le parecen cariñosas y al niño le resultan humillantes. Establece una norma clara en casa: con los cuerpos no se bromea, y hazla cumplir entre hermanos.
Pesarse en casa. Una báscula a la que un preadolescente se sube cada día convierte un número que fluctúa con normalidad en un veredicto. Guárdala; el crecimiento se sigue en la consulta del pediatra, con contexto.
Quitarle importancia a la preocupación. "No digas tonterías" puede ser verdad, pero le dice que no vuelva a traerte este tema. No tienes que resolver el sentimiento, solo escucharlo.
Cuándo pedir ayuda
El descontento con el cuerpo es frecuente a esta edad; los cambios de conducta en torno a la comida y el ejercicio son la señal para actuar. Contacta pronto con el médico de familia o el pediatra si notas:
- que se salta comidas, elimina grupos de alimentos o come mucho menos de lo habitual;
- que come a escondidas, desaparece comida o hay indicios de vómitos;
- ejercicio que parece obsesivo o compulsivo más que placentero, o angustia cuando se salta una sesión;
- pérdida o aumento rápido de peso, mareos, frío constante o cansancio inusual;
- comprobaciones obsesivas en el espejo o en fotos, o preguntas repetidas sobre su aspecto que no se calman al tranquilizarle;
- que evita el deporte, la piscina, los amigos o el colegio por su aspecto;
- ánimo bajo persistente, aislamiento o angustia por su cuerpo que dura más de unas semanas.
No esperes a ver si se pasa: los problemas de alimentación y de imagen corporal responden mucho mejor a una ayuda temprana, y el médico puede valorarlo y derivaros al especialista adecuado. Si tu hijo habla de no querer estar aquí o de hacerse daño, contacta de inmediato con los servicios de emergencia o con una línea de crisis.
Fuentes
- Academia Americana de Pediatría, "Preventing Obesity and Eating Disorders in Adolescents" (informe clínico, Pediatrics, 2016)
- Academia Americana de Pediatría, HealthyChildren.org, "Physical Development in Girls: What to Expect During Puberty" y "Physical Development in Boys: What to Expect"
- NHS, Every Mind Matters, "Body image"
- Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), "Positive Parenting Tips: Young Teens (12–14 years)"