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1 año

¿Mi hijo de un año tarda en hablar? Cómo apoyar el lenguaje y cuándo pedir una revisión

Si has empezado a contar las palabras de tu peque, a compararle con un primo o con un niño de la guardería y a preguntarte si algo va mal, te pasa lo que a muchísimas familias. El lenguaje es uno de los hitos más visibles de este año y uno de los más variables. La mayoría de los niños que parecen tardar en arrancar a hablar están en el extremo más tardío de un rango normal amplio; unos pocos necesitan ayuda, y esa ayuda funciona mejor cuando empieza pronto.

Por qué ocurre a esta edad

Entre el primer y el segundo cumpleaños, un niño pasa del balbuceo a las palabras reales y a frases cortas, pero el momento varía muchísimo de un niño sano a otro. La primera palabra reconocible suele aparecer hacia el primer cumpleaños, aunque muchos niños la dicen unos meses después. Luego las palabras suelen llegar despacio durante un tiempo, unas pocas cada vez, antes de acelerarse en algún momento de la segunda mitad del año. Hacia el segundo cumpleaños, la mayoría de los niños dicen unas cincuenta palabras o más y empiezan a juntar dos, como "más leche" o "papá no está". Algunos ya hablan con frases cortas a esa edad; otros tienen veinte palabras y mucho que decir con las manos.

La comprensión va muy por delante del habla. Un niño de un año que no dice nada puede entender ya "¿Dónde está tu vaso?", levantar la vista al oír su nombre y pararse cuando le dicen "no". El lenguaje receptivo, lo que tu peque entiende, suele ser mejor indicador de cómo van las cosas que el número de palabras que dice.

Los gestos y el balbuceo cuentan. Señalar para enseñarte algo, decir adiós con la mano, levantar los brazos para que le cojas, negar con la cabeza y las largas ristras de balbuceo que suenan a conversación son lenguaje. Un niño que señala, te mira para comprobar que tú también estás mirando y balbucea con la entonación de una conversación se está comunicando, aunque las palabras no hayan llegado.

Si en casa se habla más de un idioma, sigue haciéndolo así. Crecer con dos idiomas no causa retraso. Los niños bilingües pueden repartir sus palabras entre los dos idiomas, así que un niño con quince palabras en uno y veinte en el otro es un niño con treinta y cinco palabras.

Por último, hay una diferencia entre un niño que habla tarde y un retraso real. Hasta uno de cada cinco niños de dos años habla tarde: la comprensión va bien, los gestos y el juego son los esperados, y las palabras simplemente llegan despacio. Muchos de estos niños se ponen al día hacia los tres años, aunque nadie puede saber de antemano cuáles lo harán, y por eso sigue mereciendo la pena una revisión. Un retraso que afecta también a la comprensión, los gestos, la audición o la conexión social es un cuadro diferente y merece atención sin demora.

Qué ayuda

Cuenta tu día con frases cortas y sencillas. Tu peque aprende palabras al oírlas unidas a lo que está pasando en ese momento, así que di lo que haces mientras lo haces: "Calcetines. Un pie, dos pies. Ahora los zapatos". En el lavabo: "Lavamos las manos. Agua calentita. Burbujas. ¡Ya está!". Usa frases cortas y repite la palabra importante más de una vez.

Sigue su foco de atención y ponle nombre. Fíjate en lo que tu peque está mirando o tiene en la mano y habla de eso, en lugar de llevarle hacia otra cosa. Si está mirando al perro, "¡Perro! El perro come" le llegará mucho mejor que "Mira el libro". Los niños aprenden más rápido las palabras de las cosas en las que ya están fijándose.

Haz una pausa y espera su turno. Después de decir algo, para, pon cara de expectación y dale cinco o diez segundos. El silencio se hace largo, pero es ahí donde ocurre su parte de la conversación. Si responde con un sonido, una mirada o un gesto, contéstale como si fuera una frase: intenta alcanzar el vaso y tú dices "¿El vaso? Quieres el vaso. Aquí tienes tu vaso". Este ir y venir es el motor del lenguaje temprano.

Amplía lo que dice. Cuando llegue una palabra, devuélvesela con una o dos más. "Pelota" se convierte en "Pelota grande. Pelota roja". "Papá" se convierte en "¡Sí, papá está en casa!". No estás corrigiendo, solo mostrando el siguiente paso, así que usa un tono cálido y no le pidas que lo repita.

Lee con tu peque cada día, aunque sea un poco caótico. Los libros de imágenes funcionan mejor como conversación que como actuación. Señala un dibujo y dile cómo se llama, espera, y luego deja que tu peque pase la página, dé palmaditas a los dibujos o pida el mismo libro por décima vez. La repetición es lo que hace que las palabras se queden. Con dos o tres minutos cada vez es suficiente a esta edad.

Canta, recita rimas y usa las manos. Las canciones con gestos, como "Cinco lobitos" o "Las ruedas del autobús", unen las palabras con gestos y ritmo, y eso las hace más fáciles de recordar y de acompañar. Anima los gestos en general: di adiós con la mano a todo el que sale de la habitación, señala el avión que pasa y trata cada vez que tu peque señale como una petición de hablar sobre eso.

Qué evitar

Los interrogatorios. "¡Di pelota! ¡Dilo! ¿Qué es esto?" pone a tu peque en un aprieto, y los niños que se sienten examinados tienden a callarse. Dile la palabra y sigue adelante. Es mucho más probable que aparezcan palabras de verdad en el juego relajado que bajo presión.

Corregir con dureza. Si "agu" significa agua, responde "¡Agua! Aquí tienes tu agua", no "No, se dice agua". Le das la versión correcta sin cortar la conversación, que es lo que se la enseña.

Adelantarte a todas sus necesidades antes de que tenga que comunicarse. Es natural darle la merienda en cuanto ves su mirada. Prueba, algunas veces, a sostener el vaso donde lo vea y esperar: alargar la mano, un sonido o señalar cuentan, y cada uno es una oportunidad para nombrar lo que quiere.

Dejarle el trabajo a una pantalla. Antes de los dieciocho meses, las pantallas, salvo las videollamadas, no enseñan lenguaje, y una televisión encendida de fondo reduce cuánto habla contigo. Si ve algo, siéntate con él y coméntalo.

Esperar y preocuparte en silencio. El consejo bienintencionado de "esperar a ver" puede costar meses. Pedir una revisión no pone una etiqueta a tu peque; o te tranquiliza o hace que la ayuda empiece antes.

Cuándo buscar ayuda

Pide a tu pediatra, tu médico de familia o tu enfermera de pediatría una revisión del desarrollo si notas alguna de estas señales:

Sea cual sea la preocupación, pide primero una prueba de audición. Los problemas de audición, incluido el líquido detrás del tímpano después de otitis, son una causa frecuente y tratable de que el habla vaya lenta, y es fácil que pasen desapercibidos porque un niño puede oír unos sonidos y otros no. Pregunta también por una derivación a logopedia y por los servicios de atención temprana de tu zona, que en muchos países no exigen un diagnóstico para empezar. Tanto si la respuesta es "todo va bien" como si es "empecemos con algo de apoyo", las estrategias de arriba te servirán igualmente.

Fuentes

Esta guía es información general y no sustituye el consejo médico o psicológico. Si te preocupa tu hijo o hija, consulta con un profesional sanitario.