Si tu peque de un año ha empezado a pelear a la hora de dormir, a ponerse de pie en la cuna en cuanto sales, a llamarte a las 2 de la madrugada o a despertarse a las 5 para empezar el día, estás viendo algo muy común en el segundo año. Un niño que dormía razonablemente bien a los diez meses puede convertirse en un decidido manifestante nocturno a los catorce, y rara vez es porque algo haya ido mal. Esta edad trae grandes cambios en movilidad, emociones y voluntad, y el sueño suele ser el primer lugar donde se notan.
Por qué ocurre a esta edad
Entre los 12 y los 24 meses llegan varias cosas a la vez. La angustia por separación alcanza su punto máximo: tu peque ya entiende que sigues existiendo cuando sales de la habitación, y le encantaría que volvieras. La hora de dormir es la separación más larga del día, así que es ahí donde se concentra la protesta.
Las habilidades nuevas se practican en la cuna. Un niño que acaba de aprender a incorporarse, ponerse de pie, desplazarse agarrado a los muebles o caminar lo hará a las 7 de la tarde a oscuras, porque las ganas de ensayar un movimiento nuevo no se apagan a la hora de dormir. Lo mismo ocurre con las palabras nuevas: un peque que ya sabe decir "mamá" o "upa" tiene ahora una forma de llamarte, y la usará.
El horario de siestas cambia. La mayoría de los niños pasan de dos siestas a una en algún momento entre los 12 y los 18 meses, y la transición es desordenada. Durante unas semanas, dos siestas son demasiadas y una no es suficiente, lo que provoca agotamiento por la noche y, paradójicamente, un niño demasiado acelerado para calmarse.
Los dientes y las enfermedades leves son frecuentes este año, y unas cuantas noches alteradas pueden crear un patrón nuevo: los abrazos extra que hacían falta mientras salía una muela se siguen esperando cuando ya ha salido. Por último, tu peque está desarrollando voluntad propia. Decir que no, y comprobar qué pasa cuando lo hace, es un desarrollo sano. La hora de dormir es simplemente uno de los primeros lugares donde lo prueba.
Qué ayuda
Mantén una rutina de 20–30 minutos con un último paso claro. Seguramente la rutina ya existe; lo que importa ahora es que sea igual cada noche y que termine de una forma que tu peque pueda prever. Por ejemplo: baño, pijama, dos cuentos en tu regazo, luz baja, una canción y luego "Ahora a la cuna. A dormir. Te quiero, buenas noches". El último paso debería ser siempre con las mismas palabras y el mismo gesto, para que aprenda dónde termina la rutina en lugar de negociar un cuento más.
Fija una hora de dormir acorde con lo que necesita dormir un niño de un año. La Academia Americana de Medicina del Sueño recomienda de 11 a 14 horas de sueño en 24 horas para niños de 1 a 2 años, contando las siestas. Si tu peque duerme una siesta de dos horas y se despierta a las 6:30, acostarle hacia las 7–7:30 de la tarde le sitúa en ese rango. Una hora de acostarse mucho más tardía suele significar un niño agotado que se resiste más, no uno más preparado. Prueba a adelantar la hora de dormir 15 minutos durante unas noches y observa si la protesta disminuye.
Protege la siesta y haz la transición con suavidad. Mantén las siestas más o menos a la misma hora cada día y en el mismo sitio siempre que puedas. Cuando empiece a rechazar la siesta de la mañana, o la de la tarde se retrase tanto que la noche se resienta, ve pasando a una sola siesta poco a poco: retrasa la de la mañana 15 a 30 minutos cada pocos días hasta que quede hacia el mediodía, y adelanta la hora de dormir 30 minutos durante el cambio. Los días en que la única siesta se desmorona, acostarle antes es tu red de seguridad.
Responde a las llamadas con calma y sin emoción. Cuando tu peque se ponga de pie y grite después de que hayas salido, entra un momento, acuéstale y dile la misma frase corta del final de la rutina: "Es hora de dormir. Te quiero. Buenas noches". Y sal. Luz apagada, voz neutra y la visita por debajo de un minuto. El mensaje que necesita es que sigues ahí y que por la noche no pasa nada interesante. Si ya se pone de pie, comprueba que el colchón de la cuna esté en la posición más baja; la cuna sigue siendo el lugar más seguro para él hasta que empiece a salirse trepando.
Introduce un objeto de apego. A partir de los 12 meses, un peluche pequeño o una muselina pueden hacer tus veces por la noche. Inclúyelo en la rutina cada noche ("Aquí está Conejito, él también se va a dormir"), guárdalo en la cuna en lugar de llevarlo por toda la casa y ten uno de repuesto. Cuando lo asocie con el sueño, le ayudará tanto al acostarse como en los despertares breves.
Si madruga mucho, oscurece la habitación y mantén la hora de despertar. Un peque que se despierta a las 5 suele estar reaccionando a la luz, al ruido o a una hora de acostarse demasiado temprana o demasiado tardía. Las cortinas opacas y una hora de despertar fija, por ejemplo las 6:30 todos los días, ayudan a que se asiente su reloj interno. Si se despierta antes, trátalo como la noche: breve, aburrido, de vuelta a la cuna. No adelantes el día empezando a desayunar a las 5:15, o las 5:15 se convertirán en el comienzo del día.
Cambia las asociaciones de sueño poco a poco. Si tu peque solo se duerme en brazos, meciéndole o comiendo, y necesita lo mismo en cada despertar, puedes cambiarlo sin hacerlo de golpe. Pasa la toma o el mecerle a un momento anterior de la rutina para que ya no sea el último paso. Después acuéstale despierto y siéntate en una silla junto a la cuna, alejándola un poco cada pocas noches hasta que estés al otro lado de la puerta. Cuenta con protestas las dos o tres primeras noches, y sé constante: un método que puedas mantener todas las noches es mejor que uno más rápido que abandonas la cuarta noche.
Qué evitar
Llevarle a tu cama unas noches sí y otras no. Dormir juntos de vez en cuando es una decisión familiar, pero si solo ocurre después de protestar lo suficiente, tu peque aprende que protestar funciona. Decide cómo quieres que sea la noche y mantenlo igual.
Negociar largo rato junto a la cuna. Un cuento más, otro vaso de agua, un debate sobre la puerta: cada uno le enseña a un niño de un año que la hora de dormir se puede discutir. El cariño está bien; la conversación es un premio.
Quitar la siesta demasiado pronto. Un niño de un año que rechaza la siesta unos días normalmente no ha terminado con las siestas. La mayoría de los niños mantienen una siesta diurna hasta los tres años o más. Sigue ofreciéndole un rato tranquilo en la cuna a la hora habitual aunque no se duerma.
Pantallas en la hora antes de dormir. El contenido brillante y rápido estimula, y la luz retrasa el sueño. Reserva la última hora para cuentos, baño y luz baja.
Dejar que la hora de dormir se retrase. Un peque que se queda despierto hasta las 9 no duerme más por la mañana para compensar; se despierta a la misma hora, más cansado, y a la noche siguiente se resiste aún más.
Cuándo buscar ayuda
Habla con tu pediatra, tu enfermera de pediatría o tu médico de familia si:
- tu peque ronca fuerte la mayoría de las noches, respira por la boca mientras duerme o notas pausas o bocanadas en su respiración;
- cuesta muchísimo despertarle, o está inusualmente adormilado y cuesta espabilarle durante el día;
- los problemas de sueño vienen acompañados de poco aumento de peso, falta de apetito o un cambio claro en su conducta o su desarrollo durante el día;
- los episodios nocturnos de gritos en los que parece despierto pero no responde son muy frecuentes, o no tienes claro si son terrores nocturnos;
- tu propio agotamiento está afectando a tu estado de ánimo, a tu seguridad al conducir o a tu capacidad de sobrellevar el día. Eso merece ayuda por sí mismo.
Las dificultades de sueño persistentes a esta edad suelen responder bien a las rutinas constantes, pero un médico puede comprobar si hay algo físico que una rutina no puede resolver.
Fuentes
- Academia Americana de Medicina del Sueño, "Recommended Amount of Sleep for Pediatric Populations: A Consensus Statement" (Journal of Clinical Sleep Medicine, 2016)
- Academia Americana de Pediatría / HealthyChildren.org, "Healthy Sleep Habits: How Many Hours Does Your Child Need?"
- NHS (Reino Unido), "Sleep problems in young children"